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Querer perder peso, viendo vídeos de Jane Fonda. Esta sería una aproximación que define el activismo de sofá. El “quiero conseguir el fin, sin que me cueste nada”. Este ejemplo ilustra un mentalidad bien conocida por los políticos y sus escuelas de verano. Y es que

la política es el noble arte de la negociación constante y el conocimiento humano. No pocas veces para conseguir el fin, el principal elemento de distorsión son los propios. En el fragor de un procés, ya rebajado a asunto catalán, la testosterona puede ser arma de disparo sin mira.

 

CONTROL DE LA FRUSTACIÓN

 

Sí, hay que decirlo muy claro, los propios son peligrosos si no se tiene control de ellos. Por eso, lejos de la interpretación ciudadana común, en política el adversario es sólo una parte del problema a solucionar.

 

Hubo en plena canícula del “procés”, muchos descerebrados del otro bando que, creídos en su empoderamiento, casi crean un punto de crisis de no retorno. Ese momento fue curioso a nivel de respuesta ciudadana. Y es que somos predecibles, medibles.

 

Los ciudadanos respetuosos de la Constitución, no creyéndose a un estado inactivo ante la sublevación llegaron a un punto de hiper-ventilación. Veían un riesgo real.

 

Y NACIÓ TABARNIA

 

Tabarnia fue, en sus inicios, una ocurrencia que se podía explotar. Políticos y empresarios la aplaudieron rápido. Era una forma de traer un posibilismo y unas sonrisas que el ciudadano de a pie, necesitado,  abrazaría rápido y sin masticar.

 

EL YO-YO QUE GRAN JUGUETE

 

Ay, esa Tabarnia que hoy ya muchos queremos había caído en manos de los funanbulistas políticos. Aplicaron el yo-yo, sí, el juguete infantil. Aquel que una mano hábil podía desplegar a su antojo y con un golpe de muñeca volver a encogerlo. Solo había que poner algo de medios económicos para auparlo. Es la mejor forma de desactivar un movimiento, financiándolo. Tan sólo con quitarle el dinero de nuevo, los manejables y predecibles ciudadanos, desnortados, se desinflarán.

 

Esta escena la hemos vivido varia veces en “el golpe de estado de la Generalitat”. Los ciudadanos aparecen corriendo como pollos sin cabeza buscado un faro de seguridad y amparo civil, ante el miedo a lo que pueda ocurrir. Algunos, casi exigiéndolo, confundiendo la voluntad ciudadana de los que si que trabajan por ello, con una ventanilla de reclamaciones. Y es que nuestra falta de madurez social nos hace buscar las organizaciones por las que nada hice.

 

Hoy el movimiento civil TABARNIA vive un momento clave. Alguien, en la política piensa ofrecernos al movimiento como moneda de cambio para rebajar el “problema catalán”. Hay que desactivar a ambos: a los derrotados, gestionando su frustración y descomprimiendola y, por otra parte a los alzados. No vaya a ser que se nos vaya de las manos.

 

LA TRAMPA ESTA MONTADA

 

Y la trampa está tendida. Utilizando grandes palabras como concordia, convivencia, futuro, te distraerán de tus objetivos, para anteponer los suyos. No estarás en la mesa de las soluciones. Te lo digo yo. Olvídate de una policía para todos, una escuela bilingüe o unos medios de comunicación de todos. Eso te lo van a robar con un abracadabrante juego de manos.

 

Los ciudadanos solo nos tenemos a nosotros en ese contexto, ya conocemos todos con que habilidad emplean su mayor arma en Cataluña: Sociedad Civil Catalana (SCC). Gran herramienta de descompresión social. Bien lubricada con dinero. Diseñada para que nada cambie. Pero, no contaban con ciudadanos críticos y realmente determinados a lograr sus objetivos. La mejor forma de manejar a los políticos es quitarles su juguete: Los ciudadanos. No podemos permitir que compren el movimiento por eso somos peligrosos para ellos. No queremos su dinero. Queremos hechos, escuela, fuerzas de seguridad, información de calidad y una vida sin adoctrinamiento.

 

Vinimos a quedarnos. Hazte socio, te van a tener miedo.

 

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